¿Cómo cuidar el bienestar psicológico de los niños cuando hay viajes en familia?

Mi experiencia de mas de 25 años en el campo de la educación y de la psicología me han permitido identificar los efectos emocionales, no siempre favorables, de los viajes de vacaciones que realizan los niños y niñas de edades inferiores a 7 años.

Tema relacionado: Vacaciones perfectas

Escribo esta nota inspirado por la emoción que me produce el reencuentro con mis sobrinos. Me encontraré con ellos en Nueva York. Mi sobrino tiene 1 año y mi sobrina tiene 3 años de edad. Mi hermano y mi cuñada, junto con los niños harán un vuelo de más de seis horas para pasar unas vacaciones de 3 semanas en EE.UU. Tengo tantas cosas por decirles. Al escribirlas en esta nota, podrán ser de utilidad para muchas mas personas que planean sus viajes con niños.

1.    Elementos comunes en los blogs dedicados a la crianza: Vacunación, alimentos y calidad de actividades

Me concentraré en los aspectos psicológicos pero no puedo dejar de mencionar otros aspectos igualmente importantes. Los blogs especializados en los viajes coinciden en tres aspectos: 

  1. Asegurarse de tener el esquema de vacunación completo. Adicionalmente informarse por el tipo de vacunas específicas para visitar el lugar de destino, por ejemplo, contra la influenza o la fiebre amarilla. En este mismo apartado, es importante llevar los medicamentos que hayan sido clinicamente formulados por los especialistas.
  2. Llevar una adecuada provisión de alimentos. Los suplementos alimenticios que requieren los niños según sus edades. Siempre vigilar la calidad del agua que consumen y los protocolos de higiene en el origen, la recolección, almacenamiento, preparación, cocción y presentación de los alimentos. Seis aspectos esenciales.
  3. Preparar las actividades con anticipación a fin de atender los requerimientos de actividad física, deporte, ciclos de descanso alimentación y sueño de los niños.

2.   Padres, compartan Información completa, clara, oportuna y relevante sobre el viaje.

Uno de los aspectos más significativos tiene que ver con la información que los padres comparten. La información debe ser completa, clara, oportuna y relevante. Ambos padres deben saber en dónde van los documentos de identificación y los tiketes de embarque. Los dos, deben conocer en qué maleta van los pañales y los alimentos, los juguetes y el coche, además de las maletas con la ropa y los regalos y los medicamentos, si es el caso. No vale que a mitad de camino uno de diga al otro: “!Yo no sé¡… eso lo debiste empacar tu”.

Si algo sale mal, nunca culpe a uno de los niños y jamás discuta con su pareja en frente de sus hijos. La discusión es un generador de estrés en los niños. Usted podrá verificar que cuando usted está estresado y su malestar se hace visible, los niños lucen ansiosos, inquietos, distraidos. Es solo el efecto de su estrés sobre los niños.

A lo largo de un largo viaje, los niños estarán expuestos a toda una serie de nuevas situaciones que acapararán su atención. Ninguna responsabilidad sobre los aspectos mencionados en las líneas anteriores debe ser delegada en niños menores de 7 años.   De ningún modo se puede hacer que un niño de esta edad se haga responsable de objetos, documentos o de retener y mantener la información básica del viaje.

A modo de prevención, prepare una pequeña tarjeta con los datos de los niños, los teléfonos de contacto de los padres y asegúrese de que los niños en edad de caminar porten esa tarjeta a la vista. Enséñele a su hijo un par de señales visuales y aditivas que usted pueda utilizar para llamar su atención y para alertarlo del peligro.

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Imagen tomada de.

Exprese que todo está saliendo bien, que las cosas van saliendo como están planeadas y que la familia ha trabajado como un equipo en el que cada uno ha tenido un rol. El rol de los niños ha sido elegir los lugares para visitar, algunas actividades de preferencia, decidir algún juguete para llever o la ropa para vestir y sin duda, obedecer las instrucciones y pasar un rato agradable.

CASO REAL: Mi tía, le había explicado a  uno de sus sobrinos que lo llevaría al parque y que al momento de silvar fuerte, él debería quedarse “congelado”.

Era una clave de juego que ella usaba para evitar que el niño atravesara las calles, entrara en lugares peligrosos o se acercara a animales, objetos o personas, potencialmente riesgosos.

3. Mantenga el ciclo de rutinas de los niños a todo lo largo del viaje.

Nunca olvide el ciclo habitual de los niños y niñas. Las rutinas de sueño, alimentación, juego y lectura, excreción son una conquista de estos primeros años de crecimiento y el plan de vacaciones debe ajustarse. Los niños y niñas que mantienen sus rutinas lucen bien dispuestos, alegres y alerta. Proponen juegos, formulan preguntas. Están sonrientes. Interactúan con otras personas. recogen objetos y los llevan como regalo. Esa es la mayor alegría en un periodo de vacaciones en familia. 

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Imagen tomada de.

Por el contrario, las alteraciones en las rutinas, generan irritabilidad, trastornos en el sueño y el apetito, desgano, desatención y los temidos berrinches. En caso de cualquier conducta como estas, lo primero que debe preguntarse es: A esta hora ¿Qué estaríamos haciendo si no estuviéramos de viaje?   Trate de realizar las actividades que el niño o niña conocen y sobre las cuales ambos pueden tener el control. Si sus hijos ya hablan, pregúnteles por su preferencia de actividad para realizar en ese momento. Determinen los límites de la actividad y establezcan el comportamiento que se espera. Por ejemplo, “Vamos a salir a jugar con la pelota, vas a estar tranquilo y luego regresaremos a cenar”.

Sea muy atento al tipo de comidas que ofrece a sus hijos. El cambio en los sabores, colores y olores de los alimentos activa el instinto de protección y cuidado. Es importante que los niños tengan un tiempo de adaptación a las nuevas recetas. Genere confianza y un ambiente de tranquilidad y serenidad.

En consecuencia, padres viajeros deben llevar una buena provisión de pañales, comida y bebida y un coche o paseador lo suficientemente cómodo para que los niños puedan dormir en caso que se requiera. Cuando estén en casa o en el hotel, terminen el día leyendo un texto interesante, recapitulando las actividades del día y asegúrense de que se cumplen las rutinas de sueño necesario tanto para los padres como para los hijos.

4. Entrenar habilidades para la interacción con las demás personas. 

Si el destino turístico incluye la visita a amigos o familiares, es necesario tener presente el proceso de maduración afectiva. Quizá el principal aspecto es fortalecer el vínculo de los niños hacia sus padres. Cada viaje pone a prueba la calidad de las relaciones de afecto, cuidado, protección y confianza al interior de la familia. La principal tarea para los papás es dedicar calidad de tiempo, atención y proximidad en la relación con los hijos.

Si un niño o niña menor de siete años se niega a saludar a alguien, es una señal de que aun no hay un vínculo de confianza suficientemente sólido con esa persona. Los niños reconocen a los miembros de su grupo y son capaces de establecer niveles de cercanía. Distinguen fácilmente a los padres y los abuelos y saben diferenciar el trato que corresponde con los cuidadores o las pedagogas del jardín de infantes.

La interacción con personas nuevas o que no ven frecuentemente activa todos los mecanismos de defensa. Los niños y niñas se muestran distantes y se protegen o esconden detrás de sus padres esperando que sean los adultos quienes muestren el nivel de cercanía o distancia que se debe mantener. Sea paciente. Sirva de modelo. Enséñele con sus propios comportamientos cómo se debe abrir una conversación, como estar con alguien y qué hacer en los diferentes espacios que comparten.

Nunca de por sentado que su hijo menor de 7 años sabe cómo comportarse cuando se tratata de interactuar con los mayores. No caiga en el error de forzar los niños a dar besos, abrazos o a quedarse solo con adultos con los que no se relacionan habitualmente. La sensación de abandono o de vulnerabilidad es fuente de ansiedad.

Pasa todo lo contrario cuando se trata de la interacción con otros niños. Los niños tienen un natural impulso a jugar con otros niños. En un primer momento, los niños visitantes seguirán las instrucciones de juego que proponen los niños locales. Con el paso del tiempo, los niños que han llegado también van a proponer ajustes y cambios en las reglas y en el uso de los objetos. Ahí la principal fuente de malentendidos entre los niños: cambio en las reglas de juego o en el uso y propiedad de los juguetes. Definitivamente, es desaconsejable que se mezclen sistemáticamente los niños de edades tempranas con preadolescentes y adolescentes. Sus intereses son muy disimiles tanto en los juegos, como en las habilidades sociales y los mecanismos que cada uno tiene para manifestar su desacuerdo no permiten un balance de fuerzas. Alguno de los dos saldrá lastimado.

Recomendación: lleve a todos sus viajes un juguete bacano para cada uno de sus niños. Se trata de un juguete personal, propio y muy divertido. Es un objeto que el niño o niña pueda utilizar a su antojo sin tener que negociar con los demás niños. Incluso, es un juguete bacano porque es atractivo para los demás niños.

Este tipo de juguetes estimula las conductas de liderazgo y favorece la práctica de valores como la solidaridad y la generosidad. Incentiva las primeras prácticas de responsabilidad y cuidado.

Cuando las cosas no funcionan, usted estará seguro de que sus hijos se divertirán con su juguete bacano  y no se marginarán o aislarán para evitar la ansiedad que les producen las reacciones de los demás niños.

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Imagen tomada de.

Si el juego desencadena peleas entre los niños nunca los regañe en público. Pare la situación y finalice con la actividad que estaban haciendo. Si considera que es necesario dar una lección, hágalo siempre en privado con calma, sin levantar la voz. Cambie de actividad, proponga nuevos juegos que integren a más miembros de la familia. Jamás reprenda a un niño en público porque eso vulnera la autoestima y la autoconfianza. En ningún caso y por ningúna situación castigue a un niño o niña con el aislamiento o la indiferencia. 

5. Respeto a la intimidad. 

Con los años, los niños y niñas van fortaleciendo su identidad y reclaman el respeto por su mundo privado. Adicionalmente a lo mencionado sobre las lecciones y reprimendas en el párrafo anterior, es fundamental el cuidado de la privacidad.

La ducha diaria es un momento muy íntimo. Quienes tienen hijos habrán experimentado cómo el agua y jabón estimulan la imaginación de los niños y cómo eso se refleja en las conversaciones que generan y los juegos que proponen. Es desaconsejable que extraños presencien el momento del baño de los niños y niñas de tres años en adelante. Las emociones de vergüenza y pudor se están configurando. Muy seguramente los jardines de infantes ya habrán hablado del respeto por el propio cuerpo y del derecho que tienen los menores a la intimidad.  No ofrezca mensajes contradictorios.

Es inconveniente que varios niños tomen la ducha al mismo tiempo. Un movimiento repentino en un espacio reducido y en el que hay shampoo y jabón puede desencadenar un accidente lamentable, tanto para los niños como para el adulto responsable.

En el mismo nivel del respeto a la intimidad es necesario hablar de la privacidad a la hora de dormir. Es normal que los padres compartan la habitación con sus hijos cuando se está en un viaje. Esto permite el control del ambiente de descanso y facilita que los padres asistan a sus hijos si hay llanto, necesidad de alimento o de ir al baño durante la noche.

Los niños y las niñas requieren un espacio en el que se sientan seguros para poder descansar tranquilamente. La presencia de adultos que ellos no conocen o de otros niños se constituyen en estímulos que les impide conciliar y mantener el sueño. Además, activa el deseo por jugar.

Quizá hay más aspectos por mencionar. Si se interesa en el tema déjeme sus comentarios.

Por lo demás, aproveche cada viaje para incentivar el espíritu de investigación y descubrimiento. Como lo señalaría Erikson en su teoría del desarrollo afectivo, los niños menores de 7 años están desarrollando la confianza, autonomía y la iniciativa. Acompáñelos en cada instante, registe las imagenes y disfrute cada instante con los niños.

 

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